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Comenzamos nuestro viaje en Cerdeña con la busqueda del tiempo perdido desde hace milenios cuando todavía existían las personas nuragicas, y que aqpesar de ser así de lejano, está presente a través de sus testimonios arqueológicos que reviven dentro de cada uno de nosotros el entusiasmo y el calor de las cosas vivas. Nos parecerá descubrir las primeras raices de nuestra civilización , la infancia de la humanidad. Están aquí los Nuraghes, los cuales parecen vigliar el territorio con sus torres con ballesteras, después; cerca de ahí las antiguas sepulturas caracterizadas por celdillas funerarias escavadas en las paredes de tantas colinas sardas a las cuales la superstición sarda a dado el nombre de “Domus de Janas” osea “casas de las brujas ”. Pero otros restos aún hoy capturan nuestra atención en los alrededores de las varias aldeas nuragicas, las “Pietre Fitte” que son testimonio del culto de las divinidades cósmicas y regeneradoras y la tumba de los gigantes en donde “duermen” los héroes divinos y los antenados más ilustres. Sobre los altiplanos encontramos las solemnes ruinas de los templos a forma de pozo en donde se veneraba el agua celeste y la Grande Madre. Y más aún en las más de seicientos estatuillas de bronce , casi todas conservadas en el Museo Arqueológico de Cagliari que nos permiten conocer su vida, sus costumbres, sus divinidades, sus competiciones deportivas y su arte. La Cerdeña aún permanece invariada en tantas de sus partes. Sus habitantes en las zonas más reconditas e internas continuan a estar legados a las tradiciones más arcáicas y son ellos quienes nos permiten descifrar la fisionomia y el humor de las personas que vivieron esta tierra durante la edad de bronce.
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